diumenge, 14 de desembre del 2025

LOS PALACIOS DE LA DEMOCRACIA

Uno de los grandes historiadores contemporáneos, Eric Hobsbawm, teorizó que el siglo XX comenzó en 1917 i finalizó en 1989; el siglo corto. Efectivamente, en 1917 se produjo el asalto al Palacio de Invierno y el Partido Bolchevique inauguró una época; se convirtió en el referente de los movimientos que propugnaban la igualdad. Sin embargo, con el tiempo, la palabra «bolchevique» ha pasado a considerarse por las fuerzas retardatarias o liberales como un insulto o como partidos peligrosos para la democracia parlamentaria. Con el correr del tiempo parece que la época zarista, geopolíticamente hablando, ha vuelto después del golpe de estado de Boris Yeltsin contra Gorbachov, el gran pacifista frustrado.

  • Poco más de medio siglo después se produjo otro asalto, de signo contrario, a otro palacio, el Palacio de la Moneda, de Santiago de Chile, contra el presidente Salvador Allende y su gobierno el  11 de septiembre de 1973. No eran los comunistas los asaltantes, sino unos nuevos bolcheviques radicales y fanáticos del libre mercado apoyados por una panda de economistas reaccionarios, los «Chicago Boyx» de Milton Friedman y amigos del dictador Pinochet. El cabeza visible de los comunistas europeos occidentales, Enrico Berlinguer, siempre tenía en mente la experiencia chilena; el eurocomunismo  fue una especie de vía para preservar y ampliar el estado del bienestar con más democracia; Berlinguer lo sintetizaba con la expresión de «reformismo fuerte», recuperando algunos conceptos de Antonio Gramsci tan manoseados que nadie sabe muy bien qué significó eso de la «hegemonía», aunque suene muy bien.
  • Aprovechando esta disquisición históricamente simplista quiero referirme al artículo más interesante que se ha publicado últimamente, el de un ex responsable de CCOO-Fiteca (industrias metalúrgicas, químicas y textiles, así como de los sectores de la energía y la minería), Quim González Muntades. En su blog hacía referencia a un comentario de un dirigente político francés de alto nivel de hace diez años. Brevemente, venía a decir que no hacía falta estrujarse mucho los sesos para saber cuáles serían los tres ejes que decidirían el futuro de Europa, al margen del obvio cambio tecnológico: la emergencia climática, la demografía y las migraciones. Este político pronunció una frase estremecedora: «Quien se atreva a aplicarlas será expulsado por los votantes»
  • Empecé a pensar esto en ver un reportaje del último espectáculo-entrevista del alcalde más campechano del mundo, el de las gafas rojas que juega a ser el Wally de todas las fotos de Mataró y eventos diversos como este de «Cari, estoy con Bote»; detrás de esa apariencia nos topamos con una intransigencia granítica y un posicionamiento e ideología bastante a estribor incluso dentro del propio PSC, que tampoco es para tirar cohetes. Efectivamente, estamos tan entretenidos en las espumas de las multi reincidencias, en las guerras culturales, en los personalismos, que evitamos lo esencial: la demografía. La savia demógrafa Anna Cabré nos daría un tirón de orejas. Tenemos datos más que suficientes, ¡ay! pero las implicaciones son muy incómodas porque nos provocan vértigo. En la reunión de «antiguos alumnos» del PSUC que celebramos el 3 de diciembre en la Fundació Iluro para conmemorar el 90 aniversario, se citaron algunas de estas implicaciones: ¿cómo se mantendrá nuestro nivel de vida de aquí a veinte años cuando un tercio de los habitantes de Mataró, muchos de ellos jóvenes, no puede ejercer su derecho a la ciudadanía, a votar? En el 2050 un tercio de la población europea y española tendrá más de 65 años y la natalidad se ha desplomado, mientras que la población migrante cada vez es más rechazada y utilizada como munición por parte del populismo, aunque se ha convertido en el único factor que sostiene la fuerza laboral.
    Estamos excitados en un debate secuestrado por aquellos que prometen muros, ya sea en Vic, en Ripoll o Mataró. El miedo ha sido siempre una carta ganadora, antes y ahora también. No es cuestión de plantear si tiene que haber o no integración; la cuestión es que hay que hacerla bien. ¿Qué sociedad queremos tener? ¿Qué tipo de economía queremos alimentar? ¿Qué lugar queremos ofrecer a los que llegan y a los nacerán aquí? No es un problema de números, sino de proyecto. Es el espejo que Europa quiere evitar. No es una anomalía sino que es un fenómeno estructural. La única elección real es entre, o bien gestionarla, o sufrirla. Los populistas no reaccionan al miedo: lo provocan, alimentan y amplifican como una herramienta tóxica electoral. Hemos convertido un fenómeno inevitable en un campo de batalla simbólico. Europa será un continente de mezcla. Siempre ha sido así y lo continuará siendo, aún más si cabe. En definitiva, el debate real no es si queremos más inmigración, si se tienen que empadronar o no, sino si queremos hacerlo bien o mal. O construimos una sociedad que incorpore y dignifique, o aceptamos un modelo clandestino que alimenta la explotación y la segregación. Hace falta liderazgo, pedagogía y un relato que trate a la ciudadanía como adulta. Actualmente el peligro más grave y tóxico son los «bolcheviques del mercado desregulado», del mercado salvaje liderado por los oligarcas y de sus sucursales, tanto en el epicentro ayusístico o en la periferia de Foment de Treball, la gran patronal catalana.

  •     Hay que interpretar ahora el  reformismo «forte» del que hablaba Berlinguer como la necesidad de preservar los Palacios del Pueblo; sí, ir a la Biblioteca Antoni Comas, por ejemplo, es visitar un palacio; entrar en el Centro de Atención Primaria, o en el C.U.A.P. o en el Hospital es ir a nuestros palacios. Son los fanáticos de la desregulación «público-privada» a los que no les interesa que existan los edificios nobles de la ciudadanía y quieren asaltarlos. En definitiva, hay que fortificar esos palacios nuestros, fruto de mucha gente anónima or-ga-ni-za-da.
  • Gestionar la inmigración requiere proveer de buenos servicios públicos, frutos de una

    fiscalidad justa, porque, además de palacios, son fábricas de dignidad cívica. Solo de esa manera y con esta orientación podremos aceptar las diferencias, porque hablaremos de aquello concreto y común, diverso y a veces contradictorio, sí, pero que nos da fuerza y entidad como comunidad humana.

  • Mataró, 6 de diciembre de 2025, día de la Constitución.






dijous, 11 de desembre del 2025

ELS PALAUS DE LA DEMOCRÀCIA

      Un dels grans historiadors del segle XX, Eric Hobsbawm, va teoritzar que el segle XX va començar el 1917 i va acabar el 1989; el segle curt. Efectivament, l’any 1917 es va produir l’assalt al Palau d’hivern i el partit bolxevic va inaugurar una època; es va convertir en el referent dels moviments que propugnaven la igualtat. Tanmateix, amb el temps, el mot «bolxevic» ha passat a considerar-se per les forces retardatàries o liberals com un insult o com partits perillosos per la democràcia parlamentària. Temps era temps, i sembla que l’època zarista, geopolíticament parlant, ha tornat després del cop d’estat de Ieltsin contra Gorbatxov, el gran pacifista frustrat.

     Mig segle després es va produir un altre assalt, de signe contrari, a un palau, el Palacio de la Moneda, de Santiago de Xile, contra el president Salvador Allende, l’11 de setembre de 1973. No eren els comunistes els assaltants, sinó uns nous bolxevics radicals i fanàtics del lliure mercat recolzats per una colla d’economistes reaccionaris, els «Chicago Boys» de Milton Friedman i amics del dictador Pinochet. El cap visible dels comunistes europeus occidentals, Enrico Berlinguer, sempre tenia al cap l’experiència xilena; l’eurocomunisme va ser una mena de via per preservar i ampliar l’estat del benestar amb més democràcia; Berlinguer ho sintetitzava amb l’expressió  «reformisme fort» recuperant alguns conceptes d’Antonio Gramsci, tan grapejats que ningú sap ben bé què significa això de l’«hegemonia», encara que soni molt bé.
    A tomb d’aquesta disquisició històricament simplista vull referir-me a l’article més interessant que s’ha publicat darrerament, el d’un ex-responsable de CCOO-Fiteqa (indústries metal·lúrgiques, químiques i tèxtils, així com dels sectors de l'energia i la mineria), Quim González Muntades. Feia referència a un comentari d’un dirigent polític francès d’alt nivell de fa deu anys. Breument, va venir a dir que no calia trencar-se massa el cap per saber quins serien els tres eixos que decidirien el futur d’Europa a banda del canvi tecnològic: l’emergència climàtica, la demografia i les migracions. Aquest polític va pronunciar una frase colpidora: «Qui s’atreveixi a aplicar-les serà expulsat pels votants».

     Vaig començar a pensar això en veure el darrer espectacle-entrevista de l’alcalde més campetxano del món, el de les ulleres vermelles que juga a ser el Wally de totes les fotos de Mataró i esdeveniments diversos com aquest de “Cari”; darrera aquesta aparença podem trobar una intransigència granítica i un posicionament i ideologia força a estribord fins i tot dins del propi PSC, que tampoc és per tirar coets. Efectivament, estem tan entretinguts en les escumes de les reincidències, en les guerres culturals, en els personalismes, que evitem allò essencial: la demografia. La sàvia Anna Cabré ens estiraria de les orelles. Tenim dades més que suficients, ai! però les implicacions són molt incòmodes perquè ens provoquen vertigen. En la reunió d’«antics alumnes» del PSUC que vam celebrar el 3 de desembre a la Fundació Iluro per commemorar el 90è aniversari, es van nomenar algunes: com es mantindrà el nostre nivell de vida dins de vint anys quan un terç dels habitants de Mataró, molts d’ells joves, no poden exercir el seu dret a la ciutadania? El 2050 un terç de la població europea i espanyola tindrà més de 65 anys i la natalitat s’ha desplomat, mentre que la població migrant cada vegada és més rebutjada i utilitzada com a munició per al populisme, tot i convertir-se en l’únic factor que sosté la força laboral. Estem engrescats en un debat segrestat per aquells que prometen murs, ja sigui a Vic, a Ripoll o a Mataró. La por ha estat sempre una carta guanyadora, abans i ara també. No és qüestió si ha d’haver o no integració, sinó que cal fer-la bé. Quina societat volem sostenir? Quin tipus d’economia volem alimentar? Quin lloc volem oferir als qui arriben i als que naixeran aquí? No és problema de números, sinó de projecte. És el mirall que Europa vol evitar. No és pas una anomalia, sinó que és un fenomen estructural. L’única elecció real és entre gestionar-la o patir-la. Els populistes no reaccionen a la por: la produeixen, l’alimenten i amplifiquen com a eina tòxica electoral. Hem convertit un fenomen inevitable en un camp de batalla simbòlic. Europa serà un continent de barreja, Sempre ha estat així i ho serà encara més.En definitiva, el debat real no és si volem més immigració, si s’han d’empadronar o no, sinó si volem fer-ho bé o malament. O construïm una societat que incorpori i dignifiqui, o acceptem un model clandestí que alimenta l’explotació i la segregació. Manca lideratge, pedagogia i un relat que tracti a la ciutadania com adulta. Avui el perill més greu i tòxic són els «bolxevics de mercat desregulat», del mercat salvatge liderat pels oligarques i de les seves sucursals, tant a l’epicentre ayusístic o la perifèria de Foment de Treball.

El «reformisme forte» del que parlava Berlinguer cal interpretar-lo ara com la necessitat de preservar els palaus del poble; sí, anar a la Biblioteca Antoni Comas, per exemple, és visitar un palau, entrar al Centre d’Atenció Primària, o al C.U.A. P. o a l’Hospital és anar als nostres palaus. Són els fanàtics de la desregulació «público-privada» als que no els interessa que existeixin els edificis nobles de la ciutadania i volen assaltar-los. En definitiva, cal fortificar aquests palaus nostres, fruits de molta gent anònima or-ga-nit-za-da. Gestionar la immigració requereix proveir de bons serveis públics, fruits d’una fiscalitat justa, perquè, a més de palaus, són fàbriques de dignitat cívica. Només d’aquesta manera i amb aquesta orientació podrem acceptar les diferències, perquè parlarem d’allò concret i comú, divers i a voltes contradictori, sí, però que ens dona força i entitat com a comunitat humana.

Mataró, 6 de desembre 2025, dia de la Constitució.



 



dilluns, 5 d’agost del 2024

CRIPTOFASCISMO: INTOXICACIÓN EN CÓMODOS PLAZOS Y EL ARDUO DESAPRENDER

     Empiezo a escribir esta entrada el 5 de agosto de 2024, en el 85 aniversario del asesinato de las 13 rosas: jóvenes y en la flor de la vida: Julia Conesa 19,  Blanca Brisac 29, Carmen Barrero 20,  Martina Barroso 22, Luisa Rodríguez 18, Elena Gil 20, Pilar Bueno 27, Adelina García 19, Virtudes González 18, Ana López 21, Joaquina López 23, Victoria Muñoz 18, Dionisia Manzanero 20. Desarrollo estas reflexiones al día siguiente de la firma de un convenio de colaboración de una banda fascista de escuadristas, Desokupa, con un sindicato mayoritario de la Policía Nacional (SUP). La infiltración ultraderechista en las entrañas del Estado es  un hecho más que evidente; ya no es sólo la nobleza de la toga, más refinada. Ahora también esa casta aristocrática tiene una tropa, aún más peligrosa, si cabe, porque está parasitando los cuerpos armados que deberían proteger a toda la ciudadanía.

     Uno de los aguijonazos más contundentes que se han producido contra la cultura democrática en España, a mi entender, fue aquella desinhibida frase del alcalde botarate de Madrid, José Luis Martínez Almeida. Con apenas cinco palabras desmontó muy eficazmente, para su público y aledaños, la acusación de borrar la memoria democrática antifranquista. Fue una deconstrucción de manual que ni el mismo Jacques Derrida podría haber superado: "Seremos fascistas, pero sabemos gobernar". Para él no es un oxímoron. Lo dijo de forma casi festiva, dicharachera, con chulería. Esa misma arrogancia verbenera la ha gastado una y  otra vez la desalmada y presidenta putrefacta, IDA Ayuso; estamos ante un posfranquismo sin complejos. La concupiscencia reaccionaria de estos dos personajillos impregna parte del catálogo de lo que el historiador Robert O. Paxton describe como criptofascismo.  La criptografía es una práctica que consiste en proteger información mediante algoritmos y demás artilugios tecnológicos. El criptofascismo usa la misma estrategia. Se trata de impulsar lateralmente la tradición fascista d'entreguerras aun sin parecerlo, escogiendo determinadas expresiones que tienen un "aire de familia" como diría Ludwig Wittgenstein, el conocido filósofo. En fin, una especie de santo y seña discursivo. La intervención más salvaje criptofascista se ha escuchado en el Parlament de Catalunya por boca de la alcaldesa de Ripoll, de Aliança Catalana, Silvia Orriols. Su discurso fue casi más deshumanizador que los plagios del parásito de VOX respecto a los menores no acompañados. Hemos tenido que esperar a esa aprendiz de Goebels para cerciorarnos hacia dónde va el nacionalismo patológico de una parte nada desdeñable del independentismo en Cataluña, que quiere rivalizar con el nacionalismo tridentino reaccionario de la capital del Estado. 

   El profesor e investigador Steven Forti considera que es contraproducente la estrategia de señalar como fascistas a los votantes de extrema derecha. Forti no cree que sea una buena estrategia, además de que se trata de un error a nivel terminológico. El fascismo fue una ideología y movimiento político que existió en los años de entreguerras. Así que tildar de fascista a un líder de estas formaciones de extrema derecha no tiene sentido. Decir que cualquiera de sus votantes es un ultraderechista no es útil si el objetivo es que estas formaciones no aumenten su consenso en la población: "Si tú defines como fascista a cualquier persona que los vote, lo que conseguirás es que esta persona se vea reforzada por dicha acusación". El objetivo de estas extremas derechas, a su juicio, es orientar las democracias liberales en DEMOCRADURAS, en regímenes iliberales.

     Ciertamente, La extrema derecha está dejando de raparse la cabeza y cada vez emplea menos el saludo romano; ahora se pone traje y corbata. No solo no reivindican el fascismo y no se declaran fascistas. A veces, inclusive, rechazan la definición de ultraconservadores. Se definen como personas de bien, demócratas, que defienden lo que la gente común piensa. Y como mucho, que defienden los valores conservadores. Pero difícilmente van más allá de eso. Y menos aún reivindican implícitamente o realizan unas conexiones directas con las dictaduras fascistas o extremas derechas del pasado. Si acaso, hay guiños para un determinado elector que puede entender lo que se está diciendo. Robert O. Paxton coincide en gran parte con esa visión; su trabajo es anterior al de Forti. Esos "guiños" son los que Paxton señala como expresiones de criptofascismo: pasarelas o toboganes comunicacionales para que las derechas de siempre y más radicales coopten las ideas antiguamente denominadas fascistas. Sin embargo,   el itinerario es similar: la primera etapa o Fase Uno consiste en la búsqueda de una base de seguidores, formación de alianzas, intentos de conseguir el poder (Fase 2); luego el ejercicio de este. 

   Según Paxton, las "copias al carbón" del fascismo clásico han resultado habitualmente demasiado exóticas o demasiado vergonzosas desde 1945 para conseguir aliados. El Front National de Jean-Marie Le Pen fue el primer partido de extrema derecha de Europa que encontró la fórmula adecuada para las condiciones de después de la década de 1970.  el FN obligó a partidos conservadores mayoritarios a adoptar algunas de sus posiciones con la finalidad de retener a votantes cruciales. Se aliaron con él en las elecciones locales de 1995 y de 2001 como único medio de derrotar a la izquierda. Otros dos partidos de la extrema derecha —el MSI italiano y el Partido de la Libertad austriaco— hicieron tan buen uso de las lecciones de Le Pen en la década de 1990 que llegaron a participar realmente en Gobiernos nacionales. Ahora Holanda. Existe una relación inversa entre una «apariencia» abiertamente fascista y el éxito en las urnas en la Europa Occidental contemporánea. Por eso los dirigentes de los movimientos y partidos de extrema derecha de mayor éxito han procurado distanciarse del lenguaje y de las imágenes del fascismo. Le Pen y Haider, los dos dirigentes de extrema derecha de más éxito de Europa Occidental, tenían más que ganar que muchos otros haciendo profesión de «normalidad».

     Eran pequeñas frases que se deslizaban entre líneas o al micrófono en reuniones privadas, y los antecedentes de algunos de los que les apoyaban, lo que una prensa atenta utilizaba para acusar a Le Pen, Haider y Fini de criptofascismo. Como la vieja clientela fascista no tenía ningún otro lugar al que acudir, se la podía satisfacer con insinuaciones subliminales a las que seguía el ritual de los desmentidos públicos. Pasar a la Fase Dos en Francia, Italia y Austria en la década de 1990 requería estar firmemente centrado en la derecha moderada. En los programas de estos partidos se oyen ecos de los demás fascistas clásicos: temores de decadencia y descomposición; afirmación de la identidad nacional y cultural; la amenaza para la identidad nacional y el buen orden social de los extranjeros no asimilables, y la necesidad de una mayor autoridad para resolver estos problemas.

Aunque algunos de los partidos de la derecha radical europea tienen programas plenamente autoritario-nacionalistas, a la mayoría de ellos se les considera movimientos unitemáticos dedicados a enviar de vuelta a sus países a inmigrantes no deseados y a tomar medidas enérgicas contra la delincuencia inmigrante, y ese es el motivo de que les apoyen la mayoría de sus votantes.

Pero en la mayoría de las declaraciones programáticas de los partidos de la derecha radical europea de posguerra de más éxito faltan otros temas fascistas clásicos. El elemento totalmente ausente es el ataque del fascismo clásico a la libertad de mercado y al individualismo económico, contra los que se proponen los remedios del corporativismo y los mercados regulados. En una Europa continental donde la intervención económica del Estado es la norma, la derecha radical ha abogado principalmente por reducirla y por dejar que el mercado decida.

Dejan a los cabezas rapadas las expresiones manifiestas de la belleza de la violencia y del odio racial asesino. Los partidos de la derecha radical de éxito procuran evitar una asociación pública con ellos, aunque puedan compartir tranquilamente la doble pertenencia con algunas escuadras de acción de la ultraderecha y toleren una cierta cuantía de lenguaje exaltado alabando la acción violenta entre sus ramas estudiantiles.

     ¿DESAPRENDER? ¿SE PUEDE?

     El criptofascismo tiene muchas caras. Una de ellas es el corporativismo funcionarial. La Ley Mordaza dio carta blanca a la policía para que las denuncias falsas prosperaran bajo el paraguas jurídico de la "presunción de veracidad" de los agentes; eso valió para poner multas (miles) sobre todo dirigidas a las manifestaciones contrarias a las políticas antisociales del Partido Popular y su corrupción genética; incluso para inhabilitar al diputado de Podemos por Canarias, Alberto Rodríguez Rodríguez. El corporativismo de las fuerzas policiales, el corporativismo de la casta judicial; el corporativismo de determinados funcionarios docentes que también reivindican el privilegio de la "presunción de veracidad" en caso de "indisciplina" de los alumnos adolescentes, más allá del que tienen actualmente las direcciones de los centros educativos. Ese corporativismo que ha puesto en jaque a la consellera de Justícia en Cataluña, valiéndose de un hecho deleznable para hostigar y no asumir que quien hace las leyes y los reglamentos no son los funcionarios sino los representantes de la ciudadanía. Ese corporativismo que también tiene cobertura sindical desgraciadamente y que ha perdido toda noción de lo que antes denominábamos internacionalismo o sentido de clase. El colofón lo constituye el corporativismo social de las escuelas elitistas que no quieren salir de su gueto ni de su impostura triunfócrata. Quizás tenga razón Forti y sea un error llamarlos criptofascistas, protofascistas o comoquiera que sea. Sin embargo, como no se cansa de repetir el profesor Antón Costas, "la historia quizá no se repita, pero rima".

El colonialismo que nunca se olvidó:

 


   

 

 



dilluns, 25 de desembre del 2023

NAVIDAD EN GAZA. "POR FAVOR, P. M. NETANYAHU, BOMBARDEE BIEN A MI FAMILIA"

En una interpretación hermenéutica rabínica en el Talmud se afirma que «Si alguien mata a una persona, sería como si matase a toda la humanidad; y si alguien salva una vida, sería como si hubiera salvado la vida de toda la humanidad». También aparece en una aleya del Corán. Sin embargo, en Gaza, la amnesia más absoluta afecta a las teocracias de Oriente Medio, al sionismo fascista y a las autoridades religiosas y autocracias de los petrodólares que usan a los palestinos para lavar su conciencia después del desastre.

Estamos en Navidad. Incluso en la Primera Guerra Mundial, soldados alemanes y británicos acordaron, en la frontera franco-belga, una tregua a su enfrentamiento militar el 25 de diciembre de 1914 en la que el balón tuvo un papel fundamental. Fueron represaliados por ello. Los socialistas  de los dos países más importantes dejaron de serlo a pesar de su rótulo al permitir que los camaradas fueran abducidos por el nacionalismo más reaccionario y patriotero. Pero «ante esos seres infrahumanos», como los militares sionistas de extrema derecha consideran a los palestinos, no valen tantas atenciones.

Me consternó saber que los miembros de muchas de las familias palestinas en Gaza, durante los confinamientos, se refugiaban, en la medida de lo posible, en una sola habitación, por si morían; al menos, morir juntos y sin que nadie se quedara huérfano o padres sin hijos. No ha sido así. Esa impotencia amatoria por parte de la potencia ocupante, al más y brutal estilo colonial blanco, ha dejado a Israel en la bancarrota moral, a pesar del genocidio que sufrió la comunidad judía durante el nazismo. A pesar de que intenten gozar del rentismo del victimismo, para deshumanizar aún más a sus ilotas palestinos. Las declaraciones de la ministra de extrema derecha «de igualdad» y de otros ministros o mandos militares van en ese sentido. Tratar a los más de dos millones de moradores como ratas los eleva a categoría de asesinos en serie. Lo hacen de forma televisada, a pesar del bloqueo a los periodistas que arriesgan su vida, y también de la protección que gozan de las potencias occidentales, sobre todo de EEUU y de los sheriffs en Europa, Alemania, Gran Bretaña y Francia, especialmente.

Parecía que con Primo Levi se había alcanzado el límite de las descripción del horror. Sin embargo, el título que encabeza esta entrada está inspirado en otra novela que parece que provenga del nivel más profundo del infierno de Dante, LAS BENÉVOLAS, de Jonathan Littell. El protagonista, Max Aue, oficial de las SS, y uno de los oficiales destinados a la limpieza de la retaguardia en Ucrania de judíos y de bolcheviques, describe una situación en la que es difícil no atragantarse: miles de judíos estaban obligados a cavar sus propias fosas comunes, arrodillarse y tumbarse encima de otros cadáveres ya ejecutados (hasta 6 capas), mientras los soldados ucranianos nazis les apuntaban para asesinarlos también. Estos soldados rezongaban por ese trabajo tan sucio; erraban el tiro y dejaban malheridos a los moribundos que continuaban jadeando de dolor. Un judío preso coge a su niño y le suplica al protagonista con estas palabras: «Por favor, oficial, fusilen bien a mi hijo». 

Las escenas que han podido sortear el bloqueo del ejército y de las plataformas digitales donde el lobby sionista tiene tanto poder, vemos la cantidad de niños y niñas enterrados y que desean el suicidio para acabar cuanto antes. Muchos de ellos ya son huérfanos.

Santiago Alba Rico, en un diálogo con el también filósofo Carlos Fernández Liria, subraya la campaña de deshumanización que sufre el pueblo palestino desde hace setenta y cinco años, cuando se fue imponiendo el sionismo a pesar de las manifestaciones de muchos judíos en contra de esta corriente ideológica, una suerte de fascismo equiparable al italiano, al alemán y español. Los judíos de entreguerras eran considerados no europeos y sufrieron pogromos. Ahora, como fuerza ocupante y colonialista, son considerados los europeos de oriente medio. Esta inversión de los valores les ha llevado a ser los hijos salvajes y despiadados de sus mentores, como el hijo de Rufus Hannassey, del film HORIZONTES DE GRANDEZA, una gran metáfora del supuesto poder suave civilizatorio del imperio dominante.

No. Ni el Biden ni el Trump de turno harán nada contra su satélite predilecto, puesto que forman parte de esa sociedad anónima de los aproximadamente 40% de millonarios congresistas y sus lobbys respetivos.. Israel es el hijo del imperio americano y de las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial, que expían así su culpa a costa de otro pueblo. En el film de Wyler, el patriarca del clan mata con sus propias manos a su hijo violento, ese engendro del mal y consentido. Pero, claro, es una metáfora bienintencionada. Igual que Gregory Peck.

Santiago Alba Rico menciona el proceso de deshumanización al que se ha sometido a los palestinos. Sin embargo, creo que en este caso también habría que hablar del proceso de DESHUMANIZACIÓN que ha sufrido la sociedad israelí, o su gran mayoría, de su endiosamiento, con su propia bomba atómica, probablemente proporcionada por la Alemania Federal en sus tiempos. La siempre citada «única democracia» de ese entorno ha practicado un adoctrinamiento incesante entre su población. Los dirigentes sionistas han interiorizado que pueden ser inmortales y usar de la vida de los pueblos a su antojo. Incluso la Unión Soviética miró hacia otra parte; ahora Rusia también permanece silente.

Como decía un humorista de origen palestino afincado en EEUU a su entrevistador de una gran cadena de televisión norteamericana: «¿A cuánto está el cambio en este momento? ¿1 a 20, o 1 a 40?». Hablaba refiriéndose a qué valor tienen los muertos en cada lado de esta supuesta falsa guerra. Ni 1 a 20  ni 1 a 50. Quizás se supere el cambio de 1 x 100 como los resistentes a la ocupación nazi. Se irá mucho más allá. De momento, no se escuchan en nuestros medios de comunicación los heridos, los mutilados de por vida, los traumatizados, ni la hambruna ni la postguerra, si es que hay fecha de finalización de la masacre. Martín Caparrós describe muy bien en «El hambre» qué supone la hambruna, además de la falta de agua: el cuerpo se va comiendo a sí mismo, a sus tejidos, a sus defensas, a su esperanza, etc.

Las benévolas (Les Bienveillantes) es una novela de ficción histórica escrita en francés por el estadounidense Jonathan Littell. Narra la vida de un exoficial de las SS alemanas que colaboró en matanzas durante el Holocausto. El libro ha sido galardonado con dos de los más prestigiosos premios literarios franceses: el Grand Prix du roman de l’Académie française y el Prix Goncourt el 2006. El título Las benévolas hace referencia a la trilogía de la Antigua Grecia, Orestíada, escrita por Esquilo, uno de los autores griegos de tragedias muy reconocido por su talante que hoy podríamos definir como pacifista. El escritor dice que quiso centrarse en el pensamiento de un asesino y en los orígenes del democidio o asesinato de Estado,​ mostrando en la novela cómo podemos tomar decisiones que conduzcan, o no, a un genocidio. Otro aspecto que mantuvo a Littell interesado en estos mismos aspectos fue la guerra de Vietnam cuando era niño.​ Según él mismo dijo: «Mi terror de infancia era ser seleccionado para ser enviado a Vietnam y que me hicieran matar mujeres y niños que no me habían hecho nada a mí».

El libro más importante del siglo XXI. De «acontecimiento del siglo» lo definió  el escritor Jorge Semprún en 2007, y como «uno de los libros más impresionantes que se han escrito nunca». Max Aue, antiguo oficial de las SS, empieza la novela (en un momento cronológico próximo a los años 60, por diversas referencias internas) avisando al lector de que no piensa pedir perdón por su pasado. ¿Para qué? Los precedentes coloniales en África y en Asia son fundamentales para considerar el carácter vengativo de las potencias occidentales blancas cuando son humilladas militarmente por «pueblos menores» que se resisten a sus conquistas coloniales. Y no es verdad que de aquel horror se saliera con mayor estatura moral. Primo Levi tuvo enormes dificultades para publicar sus memorias (Si esto es un hombre), ni EEUU ni Europa aceptaron a los judíos que huían del Holocausto -por su mala conciencia, decidieron mandarlos a Palestina y que allí pudieran finalmente hacerles a los palestinos lo que los nazis hicieron a los judíos-, las víctimas vivas de los campos de concentración tuvieron que ver cómo una parte enorme de sus torturadores siguieron siendo jefes en la Alemania que gobernó la democracia-cristiana. Muchos cuadros que levantaron el entramado jurídico neoliberal en el entorno internacional venían de haber militado en el partido nazi (Grégoire Chamayou,  La sociedad ingobernable. Una genealogía del liberalismo autoritario, Madrid, Akal, 2022). 

Hoy por hoy es ilusoria la alternativa de los dos estados. Los colonos no abandonarán su usurpación crónica y progresiva. Es el ADN de Israel. Es imposible compatibilizar dos supuestos Estados: uno expansionista y otro jibarizado, estrangulado con una hernia múltiple de controles inconexos y guetizados. Desde sus inicios, el sionismo ya difundió que no permitiría más de un 20% de población no judía. ¡Cómo lo van a permitir ahora? Hamás y su ataque ha sido la gran excusa para llevar esos proyectos de ESPACIO VITAL, que suena a primero de fascismo. Quizás convenzan a la autocracia que gobierna Egipto que acoja a los millones de palestinos para tenerlos acampados en el desierto a cambio de perdonarles la deuda externa. Quizás.

Quizás el Festival de Eurovisión sea nuestra lavadora de imagen para con la «sociedad civilizada» 
israelí y su gobierno de extrema derecha. Allí, al menos, se diría, «respetan a las personas LGTBI». Los responsables del show business europeo ¿aceptarán la presencia del Estado de Israel? Es bien sabido y a nadie se le escapa que el escaparate de EUROVISIÓN para el movimiento LGTBI es muy importante. Es el festival GAY por excelencia y más familiar. Faltan aún tres meses y el movimiento por los derechos civiles y LGTBI tiene una oportunidad histórica para demostrar su internacionalismo. Y no sólo este movimiento, también las personas decentes. La dignidad de la «civilizada Europa» se pondrá a prueba.


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dissabte, 2 de desembre del 2023

PER QUAN L’AMNISTIA PER A LA MEMÒRIA HISTÒRICA DEL PSUC?

 El proppassat 24 de novembre vaig rebre una invitació del camarada Ramón Morales Morago a l’acte que es celebraria el dia 30 al Foment Mataroní, on es projectaria el documental “Laietana,43. El cau de la bèstia. Els governs canvien, les policies romanen”. Aquest documental s’emetrà dins de pocs mesos per TV3. Ramón temia que novament la memòria del PSUC, dels seus militants i del seu sofriment quedessin esvaïts i aigualits per aquesta onada de «presentisme» nacionalista que des d’abans de l’esclat del 2017 ja va essent norma en aquesta mena de «recuperació històrica» a la carta de l’independentisme majoritari, similar al que han fet amb la presó Model (plató de la televisió procesista).

     L’olfacte de Ramón Morales no anava errat. Ramón, comunista irredempt, va ser represaliat pel franquisme. Ell va poder fugir a França i exiliar-se, però el seu germà Pablo va ser víctima del terrorisme d’estat més salvatge. Els Morales van ser dels últims en ser amnistiats. Fa anys que Ramón i Pablo, juntament amb d’altres persones represaliades, treballen per a la recuperació de la memòria històrica antifranquista, i sovint s’han trobat en que la perspectiva d’altres associacions de recuperació memorialística independentista, ignoren, i a voltes retorcen el biaix fins a un punt en què els principals represaliats, els militants de Comissions Obreres, de la Joventut Comunista i del PSUC, són gairebé posats en segona fila i de forma marginal. Des del govern de la Generalitat es «rega» amb subvencions degudament atorgades a col·lectius que de forma gairebé automàtica encapsulen la història del PSUC i de CCOO d’ençà els anys cinquanta en el racó del silenci més opac. Al principi, com diria López Bulla, podia semblar un lapsus, més endavant una tendència; però a partir d’un moment ja som conscients de que es tracta d’una opció premeditada al servei d’una visió de la història en que els comunistes i també els militants arribats d’altres indrets d’Espanya són sistemàticament bandejats. 

     El documental en qüestió és de molt bona factura i molt didàctic sobre quin és el paper de la tortura per destruir físicament i psicològica els dissidents: la recreació del recinte de Jefatura, les garjoles, les cel·les, les estances on es torturava, el tipus de tortures, etc.. La tesi que se suposa que defensa el documental és que sempre ha hagut tortures, des de la monarquia primoriverista, passant per la Generalitat republicana; per descomptat durant el franquisme, i també des de l’inici de la democràcia parlamentària a partir de 1977. I és una tesi encertada perquè reflecteix molt bé la ideologia d’una policia que està molt amarada de l’esperit repressor lluny d’unes tècniques modernes d’investigació. En definitiva, denuncia una policia impregnada de tics autoritaris heretats de la policia franquista. 

     Tanmateix no cal ser sectari per verificar que el pes dels entrevistats corre a càrrec dels militants independententistes. Posar en el mateix documental un coautor de l’assassinat de l’industrial Bultó, Carles Sastre, de Terra Lliure, amb Carles Vallejo (PSUC) em va semblar una boutade difícil de digerir. És un exemple més d’aquest vector pseudomemorialístic, no sigui cas que els comunistes, i sobretot els comunistes del PSUC acaparin l’atenció i se’ls hagi de reconèixer que van ser les principals víctimes. La campanya per recuperar l’edifici com un lloc de memòria és lloable i cal continuar els esforços i les concentracions per aconseguir-ho. I per això ens cal unitat però, sobretot, no intentar –dit en un llenguatge groller i futbolero– «guanyar en els despatxos el que no es va guanyar en el camp quan tocava».

     Estava previst que després del documental intervinguessin algunes persones damnificades i els responsables del documental. Ramón Morales va ser el segon en prendre la paraula i va llegir un escrit extens, explicant com van ser detingudes i torturades tretze persones –ell inclòs– durant l’estat d’excepció de 1969, totes del PSUC, i dotze d’elles arribades de la immigració i gairebé totes de classe treballadora. I es va estendre en nomenar molts represaliats del PSUC des de la guerra. En un moment donat va expressar el que molts militants del PSUC pensem d’aquesta revisió de la història de Catalunya: 


     «Vull recordar ara i aquí als heroics militants del PSUC  i de la JSUC, lluitadors i resistents. Molts d’ells van donar la seva vida amb les armes defensant la Segona República com a estat plurinacional i a Catalunya, i per la seva lluita per la llibertat, l’amnistia, l’estatut d’autonomia i pel socialisme. Això es va traduir en les diverses mobilitzacions convocades per l’Assemblea de Catalunya i no pas pel catalanisme excloent dels nostres dies».

     En pronunciar aquest passatge es va produir un cert murmuri que no va anar a més. Ramón Morales va demostrar el seu coratge en dir-ho clarament en un lloc i en un moment que sabia que no seria afalagat per molta part dels assistents.

     A Mataró intentarem que aquesta desmemòria interessada no s’apliqui als militants locals, com s’ha intentat fer amb el sindicalista més important de la segona meitat del segle XX, Cipriano García, quan s’ha intentat esborrar-lo dels llibres d’història local de Terrassa. Ho estem fent des de fa temps recuperant les memòries dels nostres veterans, com ara Antonio Rodríguez Avellaneda, com la història de les Joventuts Comunistes, com amb l’edició del llibre adaptat a Mataró de l’obra de Javier Tébar (TOP-CAT 1963-1977), «Antifranquistes de Mataró davant del TOP»; també amb la presència dels testimonis que s’estan recollint en l’Arxiu Comarcal, on també ens temíem que es practicaria l’”encapsulament”. Properament esperem que surti a la llum el llibre que pot ser canònic sobre «L’abraçada del PSUC. Mataró, 1966-1977», que fa un any que està acabat. Segurament ja hauríem rebut alguna subvenció per editar-ho si fos de caire nacionalista, però insistirem fins veure’l publicat.

Versió millorada:

EL CAU DE LA BÈSTIA Y LA MEMÒRIA DEL PSUC

dissabte, 14 d’octubre del 2023

¿CUÁNTO CUESTA EL HIERRO? (EN PALESTINA)

Simplificar es fácil y también adictivo, aún más que los productos azucarados. Los que de niños vimos a diario los bombardeos televisados con napalm sobre Vietnam  sabemos que también la repetición de actos de barbarie inmunizan y «gastan» nuestra compasión, el sentimiento más benignamente humano. En las guerras antiguas el ejército vencedor y ocupante tenía una semana para el pillaje. Se consideraba que era un plazo suficiente para obtener el botín antes que los jefes ordenaran poner el freno. En Gaza poco hay que pillar; en este caso se trata destruir a mansalva. El presidente de EEUU, Biden, consciente que Israel conforma su Estado número 51, viene a seguir esa senda, o lo hace ver, «pidiendo» corredores humanitarios; la incompetente Úrsula Von der Leyen, ni eso, a pesar de ser madre de familia numerosa, en el más propio sentido biológico, y también geopolítico, en sentido figurado. España también forma parte de su prole y, de momento, en silencio ante el drama humanitario. Todos esperando las órdenes USA, que Josep Borrell obedecerá de forma aplicada, como es su costumbre.

Aquellos niños, ya de adolescentes politizados, se vieron atraídos por los libros de Roberto Mesa en relación al conflicto de Oriente Medio, y tomaron partido: ese lado correcto de la historia que, con muchas dosis de escepticismo, no hemos abandonado, a pesar de los detritus del fanatismo religioso. Pronto hará veinte años que murió, pero su huella aún está latente en nosotros: la solidaridad con los injustos perdedores.

Emil Ludwig Fackenheim fue un filósofo judío y rabino reformista. Nacido en Halle, Alemania, fue arrestado por los nazis la noche del 9 de noviembre de 1938, conocida como Kristallnacht (la noche de los cristales rotos). En 1967, Emil Fackenheim formuló un «614.º mandamiento» para los judíos, añadido a las 613 reglas tradicionales de culto y comportamiento del canon ortodoxo, que decía así: «Se prohíbe a los judíos conceder victorias póstumas a Hitler». Hacer lo que él es una victoria póstuma. En la actualidad, es muy probable que Fackenheim no fuera bien recibido en Israel, la «única democracia en Oriente Medio» como dicen los fanáticos neoliberales. Tampoco lo sería el heterodoxo e «izquierdista» Baruch Spinoza, apuñalado por un fanático de su misma sinagoga en Holanda. Spinoza fue expulsado de su comunidad. Su nombre ha sido adoptado por una Fundación catalana judía que "educa para la tolerancia y la memoria del Holocausto". Me temo que es más un lobby que una institución educativa.

¿Cuánto cuesta el hierro?, de Bertolt Brecht, narra una serie de asesinatos efectuados por un desconocido que llega a un pueblo para comprar hierro. En la obra original, escrita en 1939, el autor denuncia al fascismo con la complicidad de Suecia, en el inicio de la Segunda Guerra Mundial, tras la llegada de Hitler al poder. ¿Cuánto cuesta el hierro? es una obra de propaganda y didáctica a un tiempo. Plantea que la neutralidad sueca -ante lo que ya se perfilaba como una segunda guerra mundial- implicaba la complicidad de este país con la Alemania nazi de Hitler y, conjuntamente con esto, el favorecimiento a que se desate la guerra, por proveer de una materia prima indispensable para el rearme alemán: el hierro.

La obra da a entender que Suecia sostenía su neutralidad por ambición económica -a partir de creer que podía mantenerse fuera del conflicto armado-, y que su posición «teórica» de alegar por la paz no se condescendía con su política internacional. La moraleja o lección es clara: la pena de la historia por no tomar partido a favor de poner un freno al expansionismo alemán en Europa consistiría en convertirse en víctima del monstruo que no sólo se dejó crecer, sino que se alimentó.

Un puñado de jóvenes amantes del teatro del Grup Gimnàstic Lluïsos de L'Esplanada, animados por el foco irradiador del Grup del Casal de Mataró, quisimos representar esa obra. Quedó en nada, a pesar que no necesitábamos muchos personajes. Después nos informamos que la censura la había prohibido en otro lugar. Esa obra de Brecht mostraba bien a las claras el cinismo de las supuestas democracias liberales cuando tienen que escoger entre la bolsa o la vida. El paralelismo entre el ascenso del nazismo y el actual ascenso del sionismo militarista, por mucho que intentemos entender su afán de defensa ante un entorno hostil, tiene sentido por la magnitud de los hechos, más aún teniendo en cuenta que se han transfigurado, en el curso de pocas generaciones, de mártires a verdugos, apenas sin transición.

SOBRE TERRORISMOS Y TERRORISTAS. USO Y ABUSO A CONVENIENCIA

Estados Unidos, el único imperio militarmente existente, ha hecho de su capa un sayo y ha tildado de terrorista a aquellos actores incómodos a su política de única potencia dominadora global: ha incluido en su lista de estados parias y/o de organizaciones terroristas, según le ha convenido. Eso, hasta los más cínicos lo reconocen; no sólo eso, sino que ha alimentado esos terrorismos contra las potencias rivales.
     En el caso de Israel esa doble  moral y doble contabilidad es flagrante. El ejemplo más claro es el de Menájem Beguin, quien en 1942 se convirtió en el líder de un grupo armado, Irgún, y en 1944  declaró formalmente el inicio de la rebelión contra las autoridades del Mandato Británico. En 1946 siendo Beguín líder del Irgún, dicha organización terrorista atentó contra el Hotel Rey David, situado en Jerusalén.  El explosivo colocado por la organización de Beguín detonó llevándose consigo la vida de 91 personas. Este atentado fue calificado por Winston Churchill, defensor de la causa sionista, como «uno de lo más devastadores y cobardes crímenes que se habían reportado en la historia». Dos años después del atentado en el Hotel Rey David, la noche del 9 de abril de 1948, 132 paramilitares pertenecientes al Irgún y Leji asaltaron la aldea árabe de Deir Yassin, situada a 5 kilómetros de Jerusalén, donde fueron asesinados entre 107 y 120 aldeanos. La matanza fue condenada por los más altos representantes políticos e intelectuales sionistas, incluido Einstein, en la que acusaron al partido de Beguin de recurrir a métodos fascistas.
     Beguín fundó el partido político Herut (que más tarde sería el partido dominante en la coalición Likud), partido conservador. En 1977 el Likud ganó las elecciones en Israel, convirtiéndose así en primer ministro de Israel. A finales de ese año firmó los acuerdos de paz de Camp David con el presidente de Egipto Anwar el Sadat, para la retirada de las tropas israelíes del Sinaí y la creación de una autonomía palestina, por los cuales ambos dirigentes fueron galardonados con el premio Nobel de la paz (1978).

CAMBIO GLOBAL DE ALIANZAS

El fascismo internacional, y el español, con Franco a la cabeza,  presentó a los judíos como enemigos. La potencia hegemónica al acabar la II Guerra Mundial, EEUU, también, aun con la presencia ostensible de destacados miembros de las élites norteamericanas en determinados sectores. Philip Roth, el gran novelista estadounidense, lo expresa en una de sus novelas más pesimistas, la Conjura contra América, donde figura que los judíos son perseguidos. La novela presenta unos Estados Unidos antisemitas en los años 1940. Roth había escrito en sus memorias Los hechos. Autobiografía de un novelista sobre las tensiones raciales y antisemitas que formaron parte de su niñez en Newark. Varias veces en ese libro describe ataques a los niños en su vecindario simplemente porque eran judíos.

Desde hace varias décadas es bien constatable que la derecha y la extrema derecha evangélica, anteriormente antisemita, han ido desplazando esa inercia hacia el anti-islamismo, tanto en el seno de los EEUU como en los movimientos en el tablero geopolítico. Los procesos migratorios de las antiguas colonias a la metrópoli, en especial a Francia, de grandes contingentes de religión musulmana, han hecho acrecentar el temor a todo lo que ello comporta. Convergieron la xenofobia colonialista y también los conflictos en Oriente Medio. 

En 1994, con motivo del décimo aniversario de la creación de la Coordinadora del Maresme per la Pau i el Desarmament, organizamos la presentación del libro de Fátima Mernissi en la Llibreria Robafaves. Contamos con la presencia de un ex vecino, Antoni Segura i Mas, actualmente presidente del CIDOB, y catedrático de historia, especialista en el mundo árabe. La elección del título no fue por casualidad, "Islam y Democracia. El miedo a la modernidad". Mernissi fue una escritora, historiadora, socióloga y feminista marroquí. Fue una autoridad mundial en estudios del Corán, defensora de los derechos de las mujeres en el mundo árabe e islámico y una de las voces más relevantes de la intelectualidad árabe,​ Premio Príncipe de Asturias en 2003.

La tesis central de Mernissi era que el Islam, ciertamente, necesitaba una actualización; que muchos intelectuales y más allá de los segmentos más ilustrados, sentían una envidia sana por el clima de libertad que se vivía en la Europa de postguerra, pero que la guerra del Golfo (1990), con EEUU a la cabeza, cambió radicalmente esa admiración por una decepción profunda, por un sentimiento de traición. Lo que vino después ya lo sabemos: regresión religiosa y fanatismo, guerras, destrucción, estados fallidos, con los yacimientos de petróleo como telón de fondo. La población catalana en especial, y la española en general, estuvo a la altura de un movimiento pacifista que ahora ha languidecido. De momento, la Unión Europea se empecina en no tener una voz propia ante su patio trasero, y lo pagaremos.

ROBERTO MESA IN MEMORIAM















LOS MITOS DEL NACIONALISMO JUDÍO



dilluns, 18 de setembre del 2023

DEL MÉTODO YAKARTA A LA GUERRA PERMANENTE (I)

El ciclón Luis Rubiales ha sepultado lo que podría haber sido una excelente ocasión para hablar de otros asuntos que, cuan hipócritas (máscaras de los actores de las tragedias clásicas), esconden los espectáculos deportivos de alcance global. Hemos asistido en el continente asiático  a sendos campeonatos mundiales de fútbol femenino y también de baloncesto masculino. Ha sido un verano tórrido como el que corresponde -para compensar- a una indisimulada escalada (una nueva guerra fría) entre imperios combatientes. No es culpa exclusiva del expresidente del futbolerismo patrio. Tampoco nuestro periodismo de vuelo gallináceo da más de sí y siempre está preparado para recibir las consignas otanistas en las que se ha convertido el periodismo español y, me temo, también de la Unión Europea. Ahí está el vigilante Josep Borrell para recordárnoslo. El periodismo, mayoritariamente, se ha convertido en una herramienta de la militarización ideológica que ha impuesto el imperio dominante de occidente.

Remedando al famoso militar prusiano y uno de los más influyentes historiadores y teóricos de la ciencia militar moderna, Carl von Clausewitz, ("la guerra") el deporte es la continuación de la política por otros medios. No, no me estoy refiriendo ni al Palco del Bernabeu que preside el oligarca Florentino ni a la Llotja del Camp Nou. Nadie, sin sonrojarse, sería capaz de defender la inocencia de la designación de las sedes de estos eventos mundiales de entretenimiento. Se programan y se proyectan  a veces con una década de anticipación para hacerlos coincidir con los ritmos de la política exterior de los respectivos países organizadores o sus alianzas respectivas. Se engrasan con mucha corrupción de intermediarios. Desde las Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, pasando por la copa Mundial de la FIFA de Argentina de 1978, y tantos otros, sin olvidar el más reciente Mundial de Fútbol masculino de Qatar, con su esclavismo laboral incorporado.

Alemania, campeona del mundo
Ambos eventos se proyectaron, como es natural, antes de la guerra de Ucrania. Concretamente, la sede de Austria-Nueva Zelanda para el fútbol femenino se designó en junio de 2020, y las candidaturas se presentaron medio año antes de la pandemia, donde competían, además de las sedes ganadoras, Colombia, Brasil y Japón. La XIX Copa Mundial de Baloncesto Masculino se celebró conjuntamente en Filipinas, Japón e Indonesia entre el 25 de agosto y el 10 de septiembre de 2023, bajo la organización de la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA), la Federación Filipina , la Federación Japonesa y la Federación Indonesia. Inicialmente fueron anunciadas cuatro candidaturas: Rusia, Turquía y las candidaturas conjuntas de Argentina/Uruguay y Filipinas/Japón/Indonesia. Las dos primeras no pasaron el primer corte y solo quedaron en la carrera las dos candidaturas conjuntas. El 9 de diciembre de 2017 la FIBA notificó la elección por decisión unánime de la candidatura presentada por Filipinas, Japón e Indonesia. En definitiva, el campeonato de baloncesto se programó con seis años de antelación. Y, como dato curioso, tenemos que Japón estaba en liza en los dos certámenes (futbol y baloncesto). ¿Casualidad? No es inusual que Japón, como miembro destacado de la OCDE y de la Trilateral figure siempre como aspirante, pero la coincidencia con otro evento casi simultáneo en Australia-Nueva Zelanda nos debería hacer sospechar que no hablamos exactamente del deporte "desinteresadamente". La novedad más llamativa es la de Indonesia, el país musulmán más poblado del planeta, Estamos hablando, pues, de geopolítica y de su "blanqueamiento" a través de espectáculos que se emitirían a miles de millones de personas de todo el mundo. 

Finalizado el verano, el 11 de septiembre, los militantes demócratas, mayoritariamente socialistas-comunistas, nos hemos apresurado a rememorar el 50 aniversario del golpe de Estado contra el gobierno de izquierdas de Salvador Allende. La "batalla" de Chile marcó un antes y un después. Siempre ha sido emotiva. El gobierno que encabezó Salvador Allende nos enseñó que socialismo y democracia van de la mano. A 50 años del sangriento golpe de Estado que puso fin al gobierno de la Unidad Popular, el pensamiento de Allende y su idea de una «vía democrática al socialismo» resurgen para pensar nuestro presente. Nos recuerdan que sin democracia no hay socialismo, y sin socialismo no hay democracia. Esta derrota percutió de una forma muy aguda en los partidos comunistas del sur de Europa, cuya figura principal fue el italiano Enrico Berlinguer. 

Si unimos estos puntos geográficos en el mapa no es fácil eludir, sin caer en un conspiracionismo de vía estrecha, la idea según la cual hay un diseño de una estrategia nada "inocente", que va desde el "imperio ilegítimo" ascendente de China hasta el "gobierno ilegítimo de Perro Sánchez", y "la contienda" de resonancias fascistas del expresidente José María Aznar.


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